Tercera y última entrega de las andanzas de XAO, el barcelonés que se tiró casi seis años en un centro penitenciario ecuatoriano. Recordemos que XAO acabó encerrado tras encontrársele culpable de tráfico de drogas, y que tras los muros se topó con una fauna y un ambientillo de agárrate y no te menees. Salió el hombre adelante como buenamente pudo y, a los dos años y pico de su ingreso, encontró un aliado en un mexicano encarcelado por motivos muy similares a los suyos. Accedió el mexicano a las oficinas, a las que XAO no tenía permiso para entrar, y con una anticuada máquina de escribir se liaron a enviar cartas solicitando donaciones. Sus esfuerzos se vieron recompensados con un flamante ordenador completito con impresora que XAO, tras mucho insistir, tomó bajo su control. Instalado guapamente en oficinas, las cosas empiezan a pintar más brillantes para él. Y ahora basta de recuerdos, que las dos entregas precedentes las podéis leer un poquito más abajo. Y la tercera y final, aquí mismo.
¿Supuso un cambio radical para ti tener acceso a las oficinas y permiso para usar el material?
Hombre, totalmente, porque ahí me labré un prestigio. Se te abre el mundo un poco aunque no hagas nada en concreto. Al cabo de dos meses de estar en las oficinas pregunté que, ya que me dejaban trabajar allí, si no me dejarían estar en una celda un poco más decente, aunque yo prefería estar con los de abajo que con los ‘porcelanas’. Total, ya había estado dos años y pico abajo y además los narcos, los europeos -porque casi todos los europeos estábamos por narcotráfico-, estaban normalmente abajo. A mí me gustaba pasear por el patio y luego ir a las oficinas. No se trataba de decir, ‘por fin no piso el patio’. Había mucha gente que, cuando les destinaban a las oficinas oficinas, el patio es como si ya les quedara muy lejos; pero para mí, el paseíto por la mañana era casi un ritual.
¿Tuvo tu trabajo algún efecto real en el mecanismo interno del Centro?
Yo creo que sí... El comité de internos empezó por fin a funcionar estando yo allí. Se dio por primera vez una relación real entre los internos y la parte de Trabajo Social. Había mucho papeleo por hacer, y ése fue mi trabajo. Papeles que tardaban semanas o hasta meses en hacerse porque había mucho trabajo o porque nadie tenía ganas de ponerse con la máquina de escribir, yo podía hacerlos con el ordenador y la impresora rápidamente. Sólo tenía que programar una plantilla, cambiar el nombre y los datos y pulsar un botón, y salían dos copias. Así, ¡pues que me los pongan en cola!
El comité de internos, de entrada, consiguió muchas cosas. Calabozos más humanos -que no tenían ni wáter-, y cosas así. Muchos donativos de medicamentos por parte de organismos internacionales como ACNUR y Excedra,.. Al Centro le iba muy bien el comité porque fomentaba que hubiera menos violencia. Empezó a hacerse un trabajo interesante a raíz de que se estableciera una conexión real entre un lado y otro. Y yo era el piloto. Al final trabajaba más para el comité de internos -usando los recursos de Trabajo Social-, que haciendo otras cosas. ¿Que tú quieres un papel de certificado de buena conducta? Vale, dime tu nombre y ahí lo tienes. ¿Una carta para el abogado? Ahí esta. Y como me sobraba mucho tiempo y el comité tenía que hacer muchas peticiones de subvención, yo encantado.
¿Y tú conseguiste algo a nivel personal? Reducción de condena o algo así...
Mi sentencia se redujo, sí pero no como una compensación por mi labor sino porque se dio un importante cambio político en materia de drogas. La legislación de entonces no consideraba ninguna reducción de condena por narcotráfico y nosotros, los del comité, y los del penal, conseguimos la famosa ley ‘Dos por Uno’. No es ninguna broma decir que fuimos los promotores. Cambiaron bastantes cosas, sanitariamente sobre todo”.
¿Salió todo tan rodado desde el principio? ¿No hubo ninguna suspicacia entre los que mandan? Las clases dirigentes nunca toleran bien que la gente se organice.
Sí, lo sé. Es que se montó una estructura bastante sólida. Mucha gente del país que tenía medios y contactos, por prestigio y también para vivir mejor, se apuntó. Vale, había mucho nepotismo si tú quieres, estar en el comité de internos o apoyarlo te daba una…
Imagen de progresismo, supongo.
Pero por otra parte era un mecanismo que daba resultados. Excedra, ACNUR y varias ONG’s colaboraban ya periódicamente, con lo cual existían unos canales. El comité de internos funcionaba, pese a que algunas veces se dieron problemas gravísimos, al borde de la violencia real… Ellos eran los primeros que no querían que aquello se cerrara. A la que había que hablar con alguien realmente malo y peligroso, los guías se desentendían. En cambio, el comité de internos le decía, tío, tienes tu libertad pronto, te están moviendo este papel, hemos conseguido 20000 sucres para tu abogado… Eso, que institucionalmente no se conseguía, el comité sí. Y como es un país en el que no hay dispendios para estructura social, pues era positivo que alguien estuviera produciendo eso: obras en la biblioteca, conseguir libros, medicamentos... Todo eso lo hacía el comité de internos. Y el ordenador fue una herramienta básica.
Todo esto es motivo para sentirse contento, aunque imagino que lo que más te satisfaría entonces fue dejar atrás tu etiqueta de peligrosidad...
Como ya he dicho, mi trabajo sirvió para crearme un prestigio entre los guardias. El final de mi estancia fue interesantísimo. Tenía toda clase de prerrogativas. Reconozco que una vez salí del Centro lo eché a faltar durante unos meses, aunque os parezca raro. Me había hecho un sitio y además era productivo. La clave está en que allí veía perfectamente que lo que yo hacía tenía una contrapartida. En los últimos tiempos no tenía las llaves del centro pero me iba cuando quería. Eso no estaba tipificado en ninguna parte. Me dejaban entrar y salir del Centro a mi antojo. De hecho me casé en prisión, con una enfermera. Ella se puso una casa a cien metros, yo Iba allí a dormir y con que estuviera de regreso a las 6 de la mañana, cuando pasaban lista, era suficiente.
Insólito.
Pues aún hay más. En una escena muy surrealista, una noche salimos a emborracharnos los guías y yo. Yo no tenía ni idea de dónde estábamos. Ellos acabaron tan pedos de ron que se fueron a vomitar dejándome las llaves del Centro. ¡Todas las llaves! Y su pistola. Ya me ves a mí, un recluso borracho en un bar de Quito a las 2 de la mañana, sin documentación, con todas las llaves del Centro penitenciario en un manojo, y con una pistola. Y sabiendo además que la OID y los guías no es que se tengan especial cariño. Más bien hay competencia desleal por ver quién pega la mordida más grande. Absurdistán, ya os digo.
Pese a estas filigranas, suena extraño que echaras de menos el Centro, siquiera por unos meses.
Era un sitio brutal pero en algunos aspectos más humano que, por ejemplo, la Modelo. No he estado en la Modelo pero apostaría a que es así con los ojos cerrados. Los días de visita eran maravillosos. Por respeto a las visitas había un consenso enre los presos para que hubiera menos violencia. Había violencia pero era diferente. Podía ocurrir que alguien recibiera a su amante, la sucursal, de visita, y coincidiera con que también venía su mujer. Entonces, claro, volaban cacerolas.
Y a veces los actos más violentos no ocurrían dentro sino fuera. Hay una región de Ecuador -Esmeralda, en la costa del Pacífico-, de donde procedía gente, como ellos decían, ‘muy llevada’. Esto quiere decir que vivían básicamente con lo puesto y que casi preferían estar encerrados que en la calle. Básicamente porque te ibas enterando de cómo los iban matando. Era frecuente oir nombres de personajes de la 8 Baja a los que se habían cargado nada más salir porque dentro habían azarado a la gente indebida. Una cosa es que azararan a un pringado por una pequeña estafa, y en cambio estaban azarando a alguien que en el exterior ya llevaba 60 muñequitos a sus espaldas. Dentro no querían problemas, pero a la que se lo encontraban fuera… Estaba listo.
¿Qué pasó ua vez cumpliste tu condena?
Lógicamente me expulsaron del país. Salí de allí, imagínate, con un despliegue de dos coches de policía, uno delante y otro detrás, para ponerme en el avión. Yo no tenía pasaporte, para entrar en Barajas antes te daban una hoja que decía algo así como que a este tío le habían echado del país. Al llegar a Madrid, los maderos, evidentemente, me dijeron, “Pase por aquí que tenemos que hacer una comprobación". Comprueban que no tengas delitos pendientes, pero sólo salieron las cosas por las que estaba fichado. Entonces, cuando me dijeron que podía irme, me salió del alma: me abracé a un madero. ¡O sea, algo impensable en mí! Me abracé a él y le dije, ”Gracias, no es como allá”. He de admitir que también era un poco de paripé por mi parte, pero tenía que coger el vuelo para ir a Barcelona.
Ha transcurrido más de una década desde tu regreso. ¿Estarías dispuesto a volver de visita a Ecuador? ¿Te traería malos recuerdos?
Tuve la entrada en el país prohibida tres años. O sea, podría volver. ¿Ganas de hacerlo? Hombre, ganas no, pero si me pagan el viaje no tendría inconveniente. Ecuador es un país que no me disgusta. El quiteño es un poco llorón desde mi punto de vista, pero Ecuador es un país muy, muy interesante. ¿Malos recuerdos? No creo que los tuviera. Iría a ver a un par de trabajadoras sociales que nos enviaron y que eran las más rebeldes de otros centros. Montamos un equipo muy interesante, productivo, y hacíamos unas comilonas… Ahora, que yo no me voy a pagar el billete, ¿vale?
ENTREVISTA: JESÚS BROTONS & TONI L. QUEROL
FOTOGRAFÍAS DE XAO: ROC HERMS
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ESTE TÍO ES LO QUE SE DICE UN JEFAZO!
Publicado por: forlorn | 01/12/08 at 16:21
Toda una historia la de este hombre. Eso es saber montárselo. Muy bien por la entrevista.
Publicado por: Fernan | 01/12/08 at 23:06
Buena entrevista, aunque un poco simplona. ¿Qué sentido tiene entrevistar a un tío que estuvo encarcelado en Ecuador? Es como si se entrevistara a un ecuatoriano encarcelado en España. No hay merito en estar en prisión, es algo común y corriente, el merito hubiese sido salir de ahí antes de lo previsto.
Publicado por: Don | 02/12/08 at 1:29
Don, por lo que he leído el mérito del tal XAO no fue estar en prisión sino arreglárselas para dinamizarla. Vale que lo hizo para mejorar sus propias condiciones de vida, pero si logró que otros también se beneficiaran, pues de puta madre ¿no?
Publicado por: abigor | 02/12/08 at 9:46
De puta madre hubiese sido que XAO no hubiese querido tráficar de esa manera, pero salud por el buen XAO!!!!
Publicado por: Don | 03/12/08 at 0:16