Los días que median entre el de Navidad y el de Año Nuevo uno va por ahí más arrastrado que las fláccidas tetas de la tía Agustina. No ayuda en absoluto que, aparte de los inanes best sellers que tu dulce pero cascada tiíta te ha regalado con toda su buena fe pero escaso tino, no haya nada mejor para leer que esas listas de los mejores discos del año que publican las revistas, y que se alimentan precisamente de esos discos que has estado los últimos doce meses tratando de evitar. Su lectura es deprimente, lo bastante como para aumentar, más si cabe, el odio cerval que ya profesamos hacia los periodistas musicales y sus defectuosos gustos. Lo que es peor es que esas listas tendenciosas le asaltan a uno en dias en que el cerebro, comatoso, letárgico, se resiente de la sobredosis de azúcar derivada de la ingestión indiscriminada de bombones, turrones y mazapanes.
Conocí a Ian MacKaye, uno de mis héroes, en las oficinas de Dischord en Arlington, Virginia. Fue bastante amable con mi novia y conmigo, a pesar de notársele un poco fastidiado por nuestra tardanza. Nos lo encontramos esperándonos fuera y dando golpecitos nerviosos en el suelo con la punta de un pie; al vernos, entró en las oficinas a la carrera gritando, “¡Los británicos han llegado!” El fastidio se le pasó enseguida. Bebimos leche de soja con miel y hablamos durante horas en su vieja casa, que en su día fue el local de ensayo de Minor Threat, Rites Of Spring, Fugazi y un montón de otros grupos de Dischord. El antiguo local estaba instalado en el sótano, cuyo techo estaba sólo a un metro y medio o así de altura; esto hacía que todos los grupos tuvieran que ensayar sentados con la espalda apoyada en la pared.
Cristianos o no, seguro que estas fechas las celebráis igualmente, pues admitámoslo, no es la onomástica de alguien que nació hace más de dos mil años lo que nos importa sino aumentar el perímetro abdominal a base de turrones y champanes. Un día es un día, esa es la consigna y la excusa para cometer todo tipo de excesos. Bien, adelante, nosotros también lo haremos. Navidad es tiempo de excesos, hasta el más ascético se transforma en un Dionisio y al cuerno con todo. Los que hacemos Vice nos pasamos la bondad y los “jo, jo, jos” por debajo de la rabadilla, pero no vamos a privarnos de felicitaros porque entendemos que hacerlo tiene algo de pervertido. Por tanto, vayan con vosotras nuestros mejores y más húmedos deseos. ¿Habéis notado el cálido lametón? Y de propina, una canción: The Fall, con el dionisíaco Mark E. Smith al frente, os piden el aguinaldo con su hit que no lo es “We Wish You A Protein Christmas”.
Mira que eres creativo, ¿eh? Tu cabeza bulle con miles de ideas y ni una sola es mala. Te despiertas por la noche empapado en sudor y con varias décimas de fiebre, y no te preocupas porque sabes que no son los efectos de una galipandia sino un subidón de creatividad que te ha dejado el cerebro incandescente y las mucosas secas. Si la industria discográfica está en crisis no es por la rampante avaricia de las grandes corporaciones, por las descargas ilegales ni por los discos ful que te planta una sonriente china en los morros cuando estás tomando un café con leche. No, la crisis sobrevino cuando los ejecutivos dejaron pasar de largo la oportunidad de ficharte como consultor. Nadie sabe a ciencia cierta el alcance universal de tu talento creador salvo tres amiguetes que, al igual que tú, podrían dejar patidifusa a la Humanidad de hacer públicas las canciones que han compuesto con su Guitar Hero, pero no han tenido todavía la oportunidad. Pues bien, tíos: esa oportunidad ya ha llegado. Sacad del armario vuestras mejores ropas, porque el mundo pronto será vuestro.
Se tiende, en general, a calificar Rogue Trooper de tebeo antibelicista, de cómic que se sirve de una base aventurera para poner el dedo en la llaga del sinsentido de la guerra, el sufrimiento del inocente, la deshumanización del soldado y toda la bienintencionada pesca habitual, pero aunque esto tenga su parte de verdad tiene también algo de subterfugio: el hecho de que el protagonista sea un soldado genéticamente modificado, un descamisado y expeditivo pitufo azul cobalto al que se dio vida en un laboratorio con el único propósito de que diera candela al ejército contrario, determina quiérase o no que en su desarrollo habrá bombas, sopapos y fuego a discreción, violencia a tutiplén por tierra, mar y aire de similar calibre al que daba cuerpo y sentido a Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997) o Soldier (Paul Anderson, 1998), dos films con un subtexto antiguerras más o menos claro pero que no tendrían razón de ser sin esa violencia que condenan.
El primer tío con el que practiqué el sexo era un director funerario de más de 130 kilos, una mole con psoriasis, tartamudez y anorgasmia. Todas mis amistades le tenían miedo y le llamaban “Labios de Muerto” a sus espaldas. Supongo que se puede decir que fue el primer chico al que he amado (es broma). Hace unos meses oí que le habían echado del trabajo por “juguetear” con los cadáveres. Su nombre no es Neil, pero ése será su nombre durante la entrevista para proteger su identidad.
Si vives en Nueva York y tienes en mente salir a pasar un buen rato, en algún momento vas a tener que pagar la tasa de 25 dólares por pasarlo bien. Este es el dinero que se te exige cuando te arrestan por beber en la calle; si no quieres desprenderte de tus dólares duramente ganados, puedes elegir pasar unas cuantas horas en compañía de un grupo de colgados en un juzgado y quedar después en libertad. Posiblemente. No es una tragedia, le puede pasar a cualquiera, pero si tienes la mala suerte de que te detengan de nuevo, aunque sea por algo igual de inocuo (colarte en el metro, por ejemplo), entonces, colega... La has cagado. Lo que sigue a continuación es un relato de lo que el pasado fin de semana le sucedió a una amiga que, por cierto, no es la hija de Tom Cruise (lo entenderéis dentro de un momento).
Este caracol con cara de pocos amigos nos suena mucho de un libro+CD de simbología ocultista que se vende en las librerías de saldo (y que debe ser uno de los libros más saqueados por el cartelismo satanoide rock). Bueno, eh, que no pasa nada, que lo decimos sólo por tocar un poco los cataplines. Lo realmente importante es que este sábado 20 unos buenos amigos nuestros montan una bacanal de ultragraves, gritos angustiosos y ritmos comatosos en el BeGood Club de Barcelona. Vienen los franceses Monarch!, y su drone-doom abisal con chica gritona y bipolar al frente, Emilie. Les acompaña Sunshine Parker, otro pirado franchute que con su portátil abre las puertas del infierno o algún sitio que cae cerca. Y los otros grupos del cartel son los Lords Of Bukkake y Warchetype, los amigos que os decíamos, dos bandas barcelonesas que juntas forman una especie de aberrante comuna sludge doom que nos está haciendo pasar muy buenos ratos. Tú haz lo que quieras, nosotros iremos.
Los residentes en la Villa y Corte de Madrid quizá recuerden (¡deberían!) la iPod Battle auspiciada por Vice el pasado mes de octubre en la que diez equipos combatientes cargaron bien sus iPods y la emprendieron a cancionazos uno contra otro hasta que sólo quedó uno en pie. Una lucha incruenta en la que hubo ganador pero no perdedores, ya que no puede haberlos cuando se trata de uno de nuestros saraos. Pues bien, la iPod Battle se translada este miércoles día 17 a Barcelona, en lo que empieza a parecer una gira de los Harlem Globetrotters o un partido de exhibición de la NBA.
Vice: Hola, Mimi Leung. Dime cómo has llegado hasta aquí, desde que naciste hasta ahora. Mimi Leung: Nací en Hong Kong. Mis padres se mudaron al Reino Unido cuando yo tenía dos años a causa de los disturbios en China.
Oh, ¿entonces tus padres eran unos putos cobardicas? ¡No! Mamá tenía una mentalidad de empresaria, pero papá podría haber sido un artista brillante, de una forma alocada y provisional. Conducía un minibús en Hong Kong pero cuando se mudaron se hizo cocinero de comida para llevar.
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